Román: Recuerdos de 25 años en Aljomar, en primera persona

Román José Rodríguez Hernández, nuestro responsable de Administración, es uno de nuestra trabajadores con el ‘pin de las bodas de plata en la empresa’: 25 años de trabajo en el Grupo Aljomar, la mitad de su vida. Hace un tiempo nos contaba en este blog su experiencia desde un punto de vista profesional. Lo podéis releer aquí. Ahora, en primera persona, escribe sus vivencias más personales, recuerdos, momentos difíciles, especiales… Esos retazos que han quedado grabados en su memoria y que, como él mismo bromea, darían para escribir un libro (y quién sabe…).

“En 25 años ha habido muchas anécdotas y recuerdos, momentos felices y agradables, y, como es lógico, también momentos difíciles, pero de estos últimos no me quiero acordar. Prefiero rememorar los buenos y éste fue uno de los primeros: La mudanza de la llamada ‘oficina” de la fábrica de Tarquines, ‘cuarto de las especies’ sin calefacción, a las nuevas y grandes oficinas actuales, con calefacción, máquina de escribir, ordenador… ‘por fin una oficina de verdad’.

La gran fiesta de inauguración de la fábrica, cómo olvidarla, fue sonada en Guijuelo.

Recuerdo los nervios de las primeras ferias a las que asistíamos, en las que el propio Alfonso se encargaba de cargar la mercancía en el camión para exponer. Me viene a la memoria un día que estábamos Adrián y yo con Alfonso y nos preguntó si habíamos echado el hilo invisible para colgar los embutidos en la feria. El señor Adrián, con su desparpajo habitual, contestó al Jefe: “si es invisible, ¿cómo los vamos a echarlo si no lo vemos?”, y, lejos de caerle la bronca de Alfonso, fue un momento muy divertido y los tres nos echamos unas risas.

O el día que en la famosa fábrica de Tarquines, por la tarde, justo a la hora en que salíamos para casa, se vino abajo la empalizada del secadero de embutidos por el peso que tenía, hasta las tantas vaciándolo y colocándolo todo de nuevo.

Fue también muy gracioso, a posteriori claro, el día en que envié con el repartidor un paquete de papeles para las oficinas de Jamoncar, y debido a la importancia de los papeles, y por gastar una broma a Álvaro, puse en la caja “¡ojo!, paquete Bomba”. En un control rutinario de la Policía de Tráfico, lo vieron y tuvieron al repartidor dos horas parado, registrándole y preguntándole qué había en el paquete.

O las ocasiones en que, cuando entraba un peón nuevo, desde la bodega le enviaban para que Román le diera la máquina de cortar las chitas a los jamones.

 

Cómo no, recordar también la celebración del 15 aniversario, con la gran fiesta en el Regio. El grato y emotivo acto de reconocimiento, con la entrega de una placa que nos brindó Aljomar a varios de mis compañeros y a mi, en el Palacio de Congresos de Salamanca.

Me viene a la cabeza el viaje a Alemania con José Luis, el calor del verano que pasé en Sevilla durante las semanas que estuve en las oficinas de Jamoncar, durmiendo en el balcón de la pensión…

En fin muchas cosas que darían para escribir un libro entero.

You may also like...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *